WWF España - Rapaces y veneno

EL VENENO MATA SILENCIOSAMENTE MILES DE RAPACES, ENTRE OTROS ANIMALES. NO PODEMOS PERMITIRLO

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©: Seprona

Unos 185.000 animales muertos por el uso ilegal del veneno en España en los últimos 20 años

Esta alarmante cifra, ha sido extraída del último "Informe del veneno en España" de WWF y SEO/BirdLife, con el apoyo de la Fundacion Biodiversidad.

En concreto, el estudio analiza la mortalidad con cebos envenenados de 18.503 animales en 8.324 episodios. Estas abultadas cifras son solo la punta del iceberg, ya que se estima que se está localizando solamente alrededor del 10% de los casos reales de envenenamiento. Por ello, la cifra real de animales envenenados entre 1992 y 2013 ascendería a 185.000, una media de casi 9.000 muertes al año. 

El 63% de todos los animales envenenados se han encontrado en Castilla y León, Castilla-La Mancha y Andalucía.

El 34% de las muertes son de rapaces 

 

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En España tenemos el lujo de disfrutar de las mayores poblaciones de rapaces de Europa, y a pesar de este privilegio, las muertes por envenenamiento de estos majestuosos animales siguen sin detenerse. 

El futuro de las grandes rapaces pasa por acabar con el veneno.

Atlas, era un alimoche macho de 2 kg, que soltamos en las Hoces de Riaza con un radiomarcador para hacer su seguimiento. Este ejemplar era uno de los "centinelas" que nos ayudaba a estudiar la especie y sus migraciones, así como a controlar el uso de veneno. Al poco tiempo, Atlas murió víctima de un cebo envenando. El caso de Atlas, es sólo uno ejemplo de los miles de casos que se producen cada año. 

©: Antonio Cacho

EL ALIMOCHE 

La mayor amenaza para esta especie es el uso de veneno, especialmente en cotos de caza menor, donde se aplica ilegalmente para eliminar zorros y córvidos. 

El alimoche es el más pequeño de los buitres ibéricos.  En España se localiza el 80% de la población europea (entre 1.320 y 1.475 parejas). La población de Castilla y León, con casi 400 parejas representa un 30% de la nacional. Sin embargo, en los últimos 15 años se ha apreciado un fuerte descenso de sus poblaciones (alrededor del 25% entre 1988 y 2002, según el último censo nacional).

Cría en cantiles y roquedos, próximos a extensas áreas abiertas, donde busca su alimento, restos de carroñas de ganado y cadáveres de conejo y reptiles, lo que le confiere un papel fundamental en la naturaleza como sanitario del campo. Es una especie migradora, pasa el invierno en África. Los primeros individuos aparecen en la Península en marzo y regresan a sus cuarteles de invierno en septiembre, tras haber criado a uno o dos pollos. 

©: Aguila imperial WWF/Beltrán de Ceballos

ÁGUILA IMPERIAL

Es una gran ave de presa exclusiva del Mediterráneo occidental y una de las rapaces más escasas del mundo. Numerosas acciones de conservación han permitido su recuperación pasando de las 100 parejas en 1995 a más 230 en la actualidad.

Esta gran rapaz cría en zonas boscosas de llanura y media montaña, donde establece sus nidos sobre la copa de grandes árboles y tiene sus cazaderos en zonas próximas, en las que captura su principal presa, el conejo de monte. También es capaz de cazar otras especies, además de comer carroñas cuando no encuentra otro alimento. 

Junto al veneno, la otra gran amenaza de las rapaces como el águila y el alimoche son las colisiones con tendidos eléctricos y con aerogeneradores. Para combatir este problema, trabajamos directamente con las Administraciones Públicas y las compañías eléctricas, para que asuman su responsabilidad ante el problema a través de la plataforma SOS TENDIDOS.

El veneno no es selectivo y mata en un efecto dominó

La gran variedad de animales envenenados demuestra que el veneno es una herramienta muy poco selectiva. 

Además de las grandes rapaces, otras aves como abejarucos o cigüeñas, son también víctimas de este delito. Entre los carnívoros destaca por su alta mortalidad a causa del veneno, los zorros. Los mamíferos silvestres (con especies como jabalíes, conejos o libres) representan casi el 3%.

El uso de cebos envenenados es el método más utilizado para matar depredadores a escala mundial y está asociado principalmente a la caza y a la ganadería extensiva. Una parte de estos sectores utilizan este método masivo, no selectivo e ilegal para eliminar animales que consideran dañinos para el ganado o las especies de caza.

Las sustancias más utilizadas son el aldicarb, el carbofurano y la estricnina. Todas ellas de gran toxicidad, prohibidas desde hace años y retiradas del mercado de la UE. El uso de estos productos ilegales prueba la existencia de un stock no gestionado y no eliminado y, en alguna medida, un tráfico ilegal destinado a la elaboración de cebos en el ámbito de la ganadería y la caza.

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WWF en lucha contra el veneno.

Para combatir este "depredador" silencioso es necesario poner en marcha diferentes acciones: 

Pedimos a las Administraciones que cumplan con sus obligaciones, mejoren la normativa y pongan en marcha medidas para luchar contra el veneno, como por ejemplo creando  patrullas de agentes especializadas con apoyo de unidades caninas.

Informamos. Llevamos a cabo estudios e informes sobre la problemática para mejorar el conocimiento de las especies afectadas y de la problemágtica. 

Iniciamos procesos judiciales contra los infractores identificados, para lograr sentencias ejemplarizantes que sirvan para ahuyentar posibles malas prácticas.

©: UCE / Estrategia de Lucha contra el Veneno de Andalucía

Héroes de cuatro patas: patrullas caninas. ​Los perros son eficaces herramientas para prevenir y detectar el uso de cebos envenenados en el campo.

En la lucha para erradicar la lacra del veneno de nuestros campos, los defensores de la naturaleza tenemos unos aliados excepcionales de cuatro patas: son los miembros de las patrullas caninas especializadas en la lucha contra el veneno. 

Uno de los grandes retos en la lucha contra el veneno era cómo detectar los cebos envenenados en el campo y cómo limpiar una zona en la que se ha encontrado algún animal afectado. Al equipo de la Estrategia de Lucha contra el Veneno de Andalucía se le ocurrió una idea brillante: adiestrar perros para detectar el veneno. 

Era la primera vez que se hacía en Europa, y tuvieron que diseñar nuevos métodos de adiestramiento: los perros de la UCE (Unidad Canina Especializada) trabajan en todo tipo de entornos, desde la alta montaña a la campiña, y tienen que saber distinguir una gran variedad de compuestos tóxicos.

A partir de la experiencia de Andalucía, otras cuatro comunidades autónomas pusieron en marcha estas unidades caninas con el impulso de los cuerpos de agentes medioambientales y forestales. También la Guardia Civil tiene un equipo humano y canino dedicado a la detección de cebos envenenados que actúa por todo el país.