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Regadíos

Una necesaria mejora en el regadío

Excedentes Agrícolas

El regadío apenas ocupa 3,3 millones de hectáreas, un 15% de la superficie total cultivada de nuestro país, y consume un 80% de nuestros recursos hídricos. Si bien el riego de los cultivos puede aumentar la producción en las explotaciones, en muchas ocasiones sólo sirve para producir excedentes que no tienen salida en el mercado. En otras, el agua se destina a regar cultivos típicos de secano, como viñedo y olivar, convirtiéndoles en grandes consumidores de recursos hídricos.

En otras ocasiones, el regadío conlleva impactos irrecuperables sobre el medio. Los más de 500.000 pozos ilegales, empleados en gran parte para riego, el agotamiento de ríos y acuíferos por sobreexplotación y la desaparición de más del 60% de la superficie de humedales de importancia internacional, como el Parque Nacional de las Tablas de Daimiel, hacen necesaria una ordenación del sector. Esto, unido a la proliferación de monocultivos o a la roturación de bosques para instalación de invernaderos, tiene efectos directos sobre la biodiversidad, afectando a especies y espacios tan emblemáticos como el lince ibérico o el Parque Nacional de Doñana.

Claves para un regadío sostenible

A pesar de esto, las autoridades se dedican a seguir favoreciendo el regadío. Durante la década de los 90 se transformó una superficie de regadío equivalente a la de 210 estadios de fútbol al día. Y aunque en España la sequía se está convirtiendo en un fenómeno habitual, y se prevé a medio plazo una disminución de las precipitaciones en un 40% por efecto del cambio climático, para 2008 están previstas 130.000 nuevas hectáreas de regadío. Sin contar las que traerá el nuevo Plan Nacional de Regadíos a partir de 2009.

En temas de regadío y medio ambiente, es hora de pasar de los mitos a la realidad, y reconocer y corregir sus impactos para poder alcanzar la sostenibilidad del regadío que la sociedad necesita.

Por todo esto, WWF trabaja para iniciar un debate realista sobre el futuro del sector, que incluya un análisis imparcial de sus beneficios e impactos negativos. Esto nos debe llevar a la elaboración de un Plan estratégico para el regadío en España. El objetivo es que al final se mantengan sólo aquellas explotaciones en riego que cumplan objetivos socioeconómicos y ambientales, y de no ser así, buscar otras alternativas viables de desarrollo para las zonas rurales, menos impactantes sobre el medio.