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Sequía

Sebkhra de Kelbia-Tunez/ Rio Mandare-Madagascar

Un problema estructural

Este año, una vez más, habrá cortes de agua en poblaciones, problemas con el regadío y una mayor degradación, si cabe, de los ecosistemas acuáticos.

Esto de debe a que, por mucho que insistamos, no estamos preparados para la sequía. Primero porque seguimos sin admitir que la vieja política del agua – embalses, trasvases y desaladoras - no sirve para ofrecer soluciones integrales. Y segundo, porque el problema real no es la sequía, sino la creciente escasez de agua que sufrimos de forma estructural y no sólo cuando estamos en períodos de sequía.

Las sequías se definen internacionalmente como aquellas épocas en las que las condiciones climáticas son anormales. Por ello, hay sequías en Almería, Murcia y también en el norte de España y el resto de los países. España, además de las sequías – a las que muchos ecosistemas acuáticos están, por cierto, perfectamente adaptados – sufre una escasez de agua generalizada.

Nos hemos acostumbrado a consumir más agua de la que tenemos, sobreexplotando los acuíferos, humedales, ríos y embalses. Además, mucho de lo que queda se encuentra contaminado o degradado. Es en estas situaciones de escasez de agua – creadas por la intervención humana – cuando se produce una sequía causa más estragos, porque sus impactos se solapan con los que ya teníamos anteriormente.


Embalse de Esla
Por ello WWF promueve la necesidad de una mejor planificación y gestión del agua. Tenemos que poder prever qué cantidad y calidad de agua hay disponible en los momentos de sequía y crear unos sistemas de uso flexibles, con capacidad de adaptación a los recursos existentes. La actual política agraria va en sentido contrario, creando una cada vez mayor dependencia del regadío, en contra también de las expectativas futuras sobre el impacto del cambio climático sobre la disponibilidad del agua. La gran amenaza es que con el cambio climático habrá menos agua: se estima que un 50% a lo largo de este siglo.

Para afrontar las sequías, WWF apuesta por una nueva política agraria, en la que vuelva a recuperar protagonismo la calidad de las producciones frente a la cantidad, los cultivos de secano y la ganadería extensiva frente a las producciones intensivas.

Una mayor eficiencia del uso del agua en el campo y la ciudad, el cobro del coste real del agua a los usuarios y la restauración de ríos y humedales, incluyendo la asignación de caudales ambientales, son otras actuaciones pendientes.