A 60 Kms de Doñana, en el pueblo sevillano de Aznalcóllar, se rompían y caían casi cincuenta metros del muro de contención de una balsa de decantación, que se usaba para los residuos de piritas de las Minas de Aznalcóllar, propiedad de la empresa sueco-canadiense Boliden Apirsa S.L.
La rotura produjo de forma inmediata el vertido al río Agrio y al Guadiamar de dos mil millones de litros de lodos, con alto contenido en elementos metálicos procedentes del proceso de flotación de la pirita, y otros cuatro mil millones de aguas ácidas cargadas de metales pesados en disolución.
El vertido afectó a un tramo de 62 kilómetros de longitud de la cuenca del río Guadiamar, con una anchura variable de entre 500 y 1000 metros, desde Aznalcóllar hasta Entremuros, en el límite con el Parque Nacional de Doñana, donde quedó retenido casi la totalidad del vertido por una serie de muros de contención.

