El fresón es uno de los principales cultivos del entorno de Doñana, en superficie y en afecciones ambientales. Con casi 6.000 hectáreas de cultivo, esta zona produce la mayor parte de la fresa de Huelva y alrededor del 60% del fresón de España. Al mismo tiempo, según ha podido constatar WWF esa producción de fresón está teniendo un severo impacto sobre la calidad y cantidad del agua disponible para los humedales del Parque Nacional, y sobre la conexión de Doñana con otras zonas de valor del interior.
En el entorno de Doñana, el agua utilizada para el cultivo del fresón es ilegal en alrededor del 50% de los campos, ya que los pozos se excavan y el agua se extrae sin las necesarias autorizaciones. Además, una gran parte de los campos de fresas de la zona ha sido plantada en zonas forestales, ocupando y cortando pinares públicos sin los permisos apropiados.
En los últimos 30 años los aportes del acuífero al arroyo de La Rocina, una de las principales fuentes de agua para las marismas del Parque, han descendido en un 50%. A esto hay que añadir que la distribución espacial del fresón y de la infraestructura asociada ha llevado a la fragmentación de los hábitats que rodean las áreas protegidas, cortando los corredores naturales por los que se mueve la fauna terrestre para entrar y salir del Parque. Estos impactos están comprometiendo el mantenimiento de la biodiversidad de Doñana a largo plazo y la conservación de las especies más sensibles hoy.
Sin embargo, en el Entorno de Doñana también existen explotaciones freseras legales y que trabajan de manera respetuosas con el medioambiente. Son un ejemplo de que se puede trabajar de forma legal y ser rentable.