El Mediterráneo está perdiendo los ricos ecosistemas y los bellos paisajes que son su capital natural.
270 millones de turistas visitan el Mediterráneo cada año y se esperan 180 millones más para 2025.
Más del 40% de sus 46.000 Km. de costa se ha perdido bajo una capa de hormigón y, al actual ritmo de urbanización, la pérdida alcanzará el 50% para 2025.
La expansión urbanística, el transporte, la energía, las infraestructuras industriales y la agricultura intensiva provocan la pérdida y la fragmentación de los paisajes mediterráneos.
El desarrollo masivo del turismo y las viviendas de veraneo amenazan las últimas extensiones de áreas costeras bien conservadas.
La deforestación y el sobrepastoreo están degradando los bosques del sur del Mediterráneo.
Las presas y las infraestructuras hidráulicas alimentan la creciente demanda de agua para la energía hidráulica, la irrigación y el turismo, y están destruyendo los hábitats de agua dulce.
Las flotas pesqueras sobredimensionadas perturban los ecosistemas marinos y ponen en peligro las poblaciones de peces como el caso crítico del atún rojo que se alimenta en el Mediterráneo y se encuentra al borde del colapso.
El cambio climático intensifica aún más estas tendencias.
Más del 40% de sus 46.000 Km. de costa se ha perdido bajo una capa de hormigón y, al actual ritmo de urbanización, la pérdida alcanzará el 50% para 2025.
La expansión urbanística, el transporte, la energía, las infraestructuras industriales y la agricultura intensiva provocan la pérdida y la fragmentación de los paisajes mediterráneos.
El desarrollo masivo del turismo y las viviendas de veraneo amenazan las últimas extensiones de áreas costeras bien conservadas.
La deforestación y el sobrepastoreo están degradando los bosques del sur del Mediterráneo.
Las presas y las infraestructuras hidráulicas alimentan la creciente demanda de agua para la energía hidráulica, la irrigación y el turismo, y están destruyendo los hábitats de agua dulce.
Las flotas pesqueras sobredimensionadas perturban los ecosistemas marinos y ponen en peligro las poblaciones de peces como el caso crítico del atún rojo que se alimenta en el Mediterráneo y se encuentra al borde del colapso.
El cambio climático intensifica aún más estas tendencias.
