Antiguamente los barcos arrastreros industriales evitaban los arrecifes y zonas rocosas para no enganchar, perder o dañar sus redes. Pero la introducción de las puertas, plomadas y otros dispositivos en el arrastre en los años 80 cambió totalmente las prácticas, ya que les permite operar sobre sustratos duros. Los mayores barcos de arrastre superan los 100 metros de eslora y disponen de dispositivos rodantes de más de 75 cm de diámetro, que mueven puertas de 25 toneladas. Los avances tecnológicos permiten a los arrastreros de profundidad trabajar a 2000 m de profundidad. El uso masivo de este tipo de pesca está teniendo un impacto sin precedente sobre los fondos marinos del Planeta.
En un experimento en Alaska se observó que tras un simple paso de la red de arrastre, el 55 % de los corales de agua fría dañados no se habían recuperado un año después. En el Atlántico NE se han encontrado marcas de las puertas en los fondos de más de 4 km y en montañas submarinas fuertemente explotadas del Sur de Australia, el 90 % de su superficie ha quedado totalmente estéril, destruyendo la totalidad de los corales, zona de protección y reproducción de especies comerciales.
En España el arrastre de fondo es el responsable de la destrucción de gran parte de las praderas de fanerógamas marinas y arrecifes de corales de agua fría tal y como WWF ha podido comprobar a través de la campaña científica del CSIC Deep Coral Project.
