Cuna de la vida, los mares y océanos albergan una enorme biodiversidad. Tan grande que nuestro conocimiento sobre ella es mínimo: conocemos más los secretos de la Luna u otros planetas lejanos que los que guarda el fondo del mar. Necesitaríamos cientos de años para disponer de un inventario más o menos completo de especies marinas.
Los océanos, con una extensión de 361 millones de kilómetros cuadrados y una profundidad media de 3.730 metros, cubren el 71% de la superficie del planeta.
Los primeros fósiles conocidos, de 3.500 millones de años, son organismos marinos y las primeras especies animales también aparecen en el mar hace 640 millones de años. La vida en tierra comenzó a desarrollarse unos 200 millones de años más tarde.
Existen unas 250.000 especies marinas descritas, lo que representa el 15% de la biodiversidad global. Y cada año se descubren unas 1.630 especies en nuestros océanos.
Pero la vida marina está desprotegida. Por ejemplo, los arrecifes de coral y las praderas submarinas sufren una tasa de pérdida cinco veces superior a la de los bosques tropicales y, sin embargo, el área marina protegida es inferior al 0,1% de su extensión, frente al 10% de protección de la superficie terrestre.
Nuestros mares y océanos albergan algas, microorganismos, plantas superiores, organismos unicelulares, invertebrados, peces, tortugas marinas, aves, cetáceos... todo un mundo de vida que no sólo debemos seguir explorando sino garantizando su conservación.
Los océanos, con una extensión de 361 millones de kilómetros cuadrados y una profundidad media de 3.730 metros, cubren el 71% de la superficie del planeta.