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Sobrepesca del Atún

El atún rojo ha sido valorado desde hace mucho tiempo en el Mediterráneo, donde creó riqueza y proporcionó alimento a numerosas civilizaciones. Esto contrasta fuertemente con Norteamérica, donde antes de los años 60 sólo se podía vender como alimento para animales de compañía.

Pero en los años 60, los mercados internacionales para atún enlatado y fresco se desarrollaron después de la invención del palangre, las redes y los equipos de congelación que permitían enviar el  atún a puntos lejanos. En poco tiempo, un gran número de pescadores con red de cerco estaban capturando atunes rojos en pequeños bancos para su enlatado.

En los años 70 la atención se desvió hacia los atunes rojos para el mercado japonés, donde esta especie se convirtió de pronto en un manjar muy codiciado para sushi y sashimi.

Los pescadores de palangre, de arpón y de redes de cerco se centraron en los gigantes, inducidos por los elevados precios pagados en Japón, que consume el 40% de los desembarcos de atún a nivel mundial.  Estas flotas están utilizando medios cada vez más sofisticados para dar con los atunes, incluidas las avionetas de observación y equipos de sónar.

El último avance, las explotaciones de atunes en granjas del Mediterráneo, podría ser la puntilla para la población oriental en vías de extinción.

Los días contados

Las poblaciones de atún rojo han disminuido de forma alarmante en las últimas décadas.

Las poblaciones dieron síntomas de sobrepesca por primera vez a finales de los años 60. Pero, a pesar de las diversas medidas de gestión y conservación introducidas por ICCAT desde entonces, las poblaciones siguieron descendiendo debido a la sobrepesca continuada.

La cantidad de adultos reproductores en la población occidental (Golfo de México) se calcula actualmente en tan sólo un 13% de la que había en 1975, con una mortalidad debida a la pesca todavía en aumento. Esta población, sometida a la sobrepesca, está gravemente amenazada.

Igualmente, la población oriental, el último reducto de la especie, está sometida a una pesca tan tremenda que supera en cuatro veces lo que la población puede sostener. En 2009, el Comité Científico de ICCAT estimó que la biomasa de reproductores había descendido entre un 85 y un 90 por ciento.

Según WWF esta población está en peligro de extinción total.

PRESIÓN POR TODO SU RECORRIDO

Aunque la mayor amenaza para al atún rojo del Atlántico es la sobrepesca y la pesca ilegal en el Mediterráneo, la especie no está mucho más segura en otros lugares.

La pesca estuvo limitada, durante un tiempo al Atlántico occidental y oriental. Sin embargo, en la última década, se han implantado nuevas pesquerías en el Atlántico central, donde se congregan atunes rojos procedentes de las poblaciones tanto del este como el oeste. Esto significa que en la actualidad están siendo capturados a lo largo de todo su recorrido. Y si la gestión es difícil en aguas nacionales costeras, ya casi resulta imposible en alta mar.