La agricultura, junto a la ganadería de ovino, ha supuesto tradicionalmente la base de la economía de la población local, no sólo de Montejo de la Vega, sino también de otros pueblos de la comarca. Esta actividad se ha apoyado en la presencia de cultivos de secano, instaurándose el regadío tras la construcción del pantano de Linares del Arroyo en 1951, aunque limitándose este cultivo al fondo del valle del Riaza.
La transformación más importante que afectó a las explotaciones agrícolas presentes en la zona se produjo, durante las décadas de los 60 y 80, de manos de la concentración parcelaria, lo que supuso un aumento del tamaño de las parcelas y, por tanto, un incremento de la productividad de los cultivos.
Sin embargo, esta intensificación agrícola producida por la concentración parcelaria ha supuesto, por otro lado, una importante repercusión en las comunidades faunísticas debido a: