Reducción de bosques
Atrás quedaron los tiempos en los que, la precaria situación económica de esta zona acuciaba a los vecinos de Montejo de la Vega y de su entorno a roturar terrenos forestales para su cultivo e intentar aumentar así sus producciones agrícolas, de por si bajas. E incluso a aprovechar las masas forestales para la obtención de leña, aliviándose del frío segoviano y sustituyendo a las modernas calderas de butano y gasóleo actuales.
Pero en los años 50 esta situación cambió radicalmente: rápido crecimiento de la economía española, abandono de los pueblos ante la demanda de mano de obra en las áreas urbanas e industriales, y crisis del sistema agrario tradicional. Este gran cambio propició la desaparición de dichas amenazas (roturaciones y talas) lo que ha propiciado que, sobre todo en los últimos diez años, ciertas masas forestales como el sabinar, se encuentre en expansión en algunas zonas del Refugio, con muchos pies jóvenes prosperando.
Sin embargo, está no ha sido la tónica general en las Hoces y la presión humana ejercida a lo largo de tanto tiempo, unido a suelos pobres y de fuerte pendiente, ha supuesto que la capacidad de regeneración natural se haya visto mermada en la mayoría de los casos. Además, hoy en día siguen patentes ciertas amenazas tales como la influencia humana ejercida sobre las comunidades vegetales de ribera (en especial, debido a las plantaciones de chopos), así como el sobrepastoreo en determinadas zonas (sobre todo cercanas a los núcleos de población).
Tanto es así que se calcula que la superficie forestal de los tres términos municipales que configuran las Hoces del Riaza corresponde tan sólo a un 14,7% de la total, aproximadamente unas 2224 ha. Esta escasa superficie forestal dificulta a numerosas especies faunísticas (como la culebrera europea) la posibilidad de encontrar en estos medios boscosos lugares de nidificación, refugio y búsqueda de alimento.
