El club de linces | WWF España
© Antonio Larena

Cuna de naturalistas

Convencido de que el futuro del planeta estaba en los más jóvenes y de la necesidad de despertar en ellos el amor por la naturaleza, en 1970 Félix Rodríguez de la Fuente creó el Club de los Linces de ADENA. 

A lo largo de esa década se formaron más de 130 clubes repartidos por toda la geografía española, donde estaban Los Cachorros, niños y niñas, y Los Linces, los socios y socias juveniles.

Algunos de estos "Linces" se convirtieron en auténticos policías de la naturaleza, vigilantes de la destrucción de los hábitats, la contaminación, el maltrato animal, el expolio y los cazadores sin escrúpulos. 

Los Clubes de Linces tuvieron un papel muy activo en la defensa de espacios amenazados como La Pedriza, el monte de El Pardo y el Sureste de la Comunidad Madrid, en los humedales de Alicante, Murcia, el Montseny y las Tablas de Daimiel. Su tenacidad, en algunos casos, dio como resultado su posterior protección oficial.

En definitiva, los Clubes de Linces fueron una excelente cantera de jóvenes activistas que aprendieron a organizarse y a lanzar sus primeras campañas en defensa del medio ambiente, y que en muchos casos se convirtieron en líderes de organizaciones de conservación. Otros siguen defendiendo la naturaleza desde las empresas dónde trabajan, las administraciones o las escuelas dónde enseñan.

Naturaleza con N mayúscula

En su carta de bienvenida a los Linces, Félix desplegaba todo su magnetismo y amor a la Naturaleza, con "N" siempre mayúscula: 

"Queridos amigos, ahora os necesito: preciso vuestra ayuda para salvar a los animales salvajes de España. En nombre de las últimas águilas imperiales y quebrantahuesos, de los últimos linces, osos y lobos, demando vuestra ayuda para librar del exterminio a estas hermosas criaturas injusta y sañudamente perseguidas. Juntos formaremos un ejército defensor de los animales salvajes. Nos llamaremos "Los Linces en honor al más bonito y escaso de nuestros carnívoros. Seremos guardas de nuestros campos y naturalistas estudiosos de nuestra fauna. En nombre de las águilas, los lobos, osos, linces y de todos los animales ibéricos: ¡Bienvenidos! Firmado: Félix, El Amigo de los Animales."

Cuando entrabas en el Club de Linces recibías un carné de socio/a que incluía un código de honor, con diez consejos, que 50 años después siguen siendo igual de importanes o más.  Los Linces debían respetar este Código cuya primera norma era "proteger la naturaleza contra cualquier destrucción". Además, se les recordaba que la fauna y la flora de un país son sus mayores riquezas. En esta lista de consejos para jóvenes defensores de nuestro entorno no faltaba una recomendación que resumía la forma de entender la conservación del propio Félix: "Disciplina tu cuerpo con el deporte, cultiva tu mente con el estudio y serás más apto para la defensa de la Naturaleza" 

Los jóvenes naturalistas recibían además, un carné, un parche (de lince o de cachorro según su edad) que los distinguía como miembros del club, así como información periódica sobre divulgación de naturaleza. 

 

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