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Felipe Fuentelsaz , Coordinador de agricultura en WWF España

Publicado el 17 de septiembre de 2021

Existen grandes oportunidades para generar un cambio hacia la agricultura respetuosa con el medio natural. Las actuales y futuras generaciones se merecen disfrutar de unos humedales llenos de vida y de una alimentación sana y sostenible.

Agricultura y humedales: una difícil pero necesaria convivencia

España es uno de los países más ricos en cuanto a biodiversidad de Europa, donde se concentra más del 40% de la existente. Entre sus ecosistemas destacan los humedales, áreas de incalculable valor ambiental que prestan unos servicios ecosistémicos de los que disfruta y se beneficia toda la sociedad, siendo lugar de descanso para miles de aves migratorias procedentes del norte de Europa en sus rutas hacia África.

La población local y muchos ornitólogos nacionales e internacionales, disfrutan de sus alados habitantes como flamencos, patos, avocetas, limícolas y muchas más aves, y de sus icónicos paisajes y puestas de sol, así como de una rica gastronomía y cultura asociados a ellos. Además son zonas clave para la conservación de una rica y singular flora acuática, anfibios, peces e invertebrados que actualmente se encuentran entre los grupos taxonómicos más amenazados de España.

Desde principios del siglo XX, los humedales han sufrido planes de desecación y transformación a uso agrícola, que supusieron la pérdida de una gran parte de ellos. Es el caso de la añorada Laguna de Antela en Orense, gran parte de las Laguna de la Janda en Cádiz y de la Laguna de la Nava en Palencia o gran extensión de las enormes y primigenias marismas del Guadalquivir, transformadas en amplias extensiones de regadío en la margen izquierda del río.

En las inmediaciones y entorno de muchas lagunas y humedales españoles se ha desarrollado una agricultura que no siempre resulta respetuosa con la conservación de los recursos naturales como el suelo y el agua. Basta con citar los ejemplos más conocidos y mediáticos de humedales en peligro, como son el Parque Nacional de Doñana -con la problemática de los cultivos intensivos de regadío bajo plásticos, principalmente fresas, que sobreexplotan el agua del acuífero; el Parque Nacional de las Tablas de Daimiel, donde apenas queda ya una pequeña superficie inundada que a día de hoy supone tan solo el 3% del humedal debido a la intensificación de cultivos tradicionales como el viñedo y, en los últimos tiempos, de  frutos secos que también han diezmado el acuífero que lo alimenta; o el más dramático caso del Mar Menor, la mayor laguna costera en España contaminada por los vertidos de nitratos procedentes de la ambiciosa hortofruticultura industrial del Campo de Cartagena.

Podríamos citar un interminable número de lagunas, marismas y humedales donde la convivencia con la agricultura intensiva es complicada, y donde el equilibrio económico y ambiental es necesario abordar. La Laguna de la Janda que era una de las mayores lagunas en Europa, reducida al mínimo en la actualidad; la pérdida en la calidad del agua de la emblemática Laguna de Fuente de Piedra en Málaga o la disminución del aporte hídrico en las lagunas manchegas de Villafranca. Todas ellas tienen en común la difícil armonía con la agricultura de regadío.

Pero, ¿cómo hemos podido llegar a ese punto? Principalmente debido a la proliferación de cultivos intensivos de regadío, en parte por la alta rentabilidad económica a corto plazo de frutas y verduras,  en parte por la mala coordinación, falta de control e inadecuada planificación de las administraciones ambientales (en particular de biodiversidad y agua) y  agrícolas, fomentando, por ejemplo, a través de las ayudas de la Política Agraria Común la conversión de zonas de secano en regadíos o los mayores pagos para estos últimos cultivos de regadío, frente a los primeros.

Ni siquiera el más reciente desarrollo de normativas y certificaciones de calidad han hecho posible compatibilizar un uso agrícola respetuoso con los espacios protegidos. Ni producción integrada, ni la amplia norma desarrollada para el sector de las frutas y hortalizas GlobalGap, ni siquiera la Producción Ecológica, aseguran en este momento el uso legal del agua en los regadíos de las inmediaciones de humedales y lagunas.

Y todo ello para producir de manera intensiva alimentos, en algunos casos apropiándose de manera ilegal de suelo y agua, sin apenas generar valor añadido para el conjunto de la sociedad, traspasando los límites de estos ecosistemas acuáticos. Generando además, en demasiadas ocasiones, excedentes de alimentos que muchas veces acaban en la basura. Por no mencionar la competencia desleal que esta agroindustria ilegal ejerce sobre los productores de secano o los regantes legales, abocados a la ruina en muchas ocasiones. En definitiva unos pocos ganan mucho a costa de muchos que pierden, siendo solo pocos casos los ejemplos de fincas que realmente cultivan de manera sostenible en las inmediaciones de humedales.

¿Estamos a tiempo de revertir la situación? Desde WWF España estamos convencidos de que existe otro modelo que permite combinar una agricultura productiva y de calidad, al tiempo que garantiza la conservación de los recursos naturales a largo plazo. Es decir, un modelo que aúna responsabilidad empresarial y respeto ambiental.

Las previsiones de la ONU sobre los efectos del Cambio Climático nos dicen que cada vez tendremos menos agua y temperaturas más elevadas. Por tanto urge rediseñar la agricultura que tiene lugar en el entorno de zonas húmedas para mitigar sus efectos sobre los aportes de agua de estos ecosistemas: fomentando la agricultura de secano, eliminando las captaciones ilegales y las fincas puestas en regadío sin autorización de cambio de uso de suelo, evitando la aparición de nuevos regadíos y apoyando buenas prácticas agrícolas en la planificación agrícola y territorial a través de la mejora de los diferentes estándares de la certificación de productos agrícolas. Además, incluyendo herramientas de decisión que permitan a los agricultores reducir el consumo de agua y fertilizantes, con acciones encaminadas a una agricultura respetuosa con las personas y el planeta.

Existen grandes oportunidades para generar un cambio hacia la agricultura respetuosa con el medio natural. La sociedad y los consumidores cada vez están más sensibilizados y demandan productos sostenibles y de calidad. La integración ambiental de la agricultura en el entorno de los humedales supone una excelente oportunidad de mercado si los productos reflejan la forma en que los protegen y previene su degradación a largo plazo. Las actuales y futuras generaciones se merecen disfrutar de unos humedales llenos de vida y de una alimentación sana y sostenible. Esa es una misión que nos incumbre a todos, sociedad civil, agricultores y administración, si no habremos fracasado como sociedad.
 

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