El agua: un recurso escaso y mal gestionado

Un paseo por prácticamente cualquier tramo de río o humedal en España, nos deja una sensación amarga. Es demasiado frecuente encontrarnos con vertidos, extracciones de agua – muchas veces ilegales – y una ocupación de las riberas, además de titánicas infraestructuras. Lo más sorprendente es que todavía nos queden algunos ríos bien conservados.

Debido a la construcción de más de 1200 grandes embalses y miles de azudes, nuestros ríos se han convertido en un continuo de pequeños tramos desnaturalizados. La fragmentación de los ríos impide además la migración de los peces y otras especies acuáticas.

La mayor parte de los embalses sirve para facilitar el agua a 3,5 millones de hectáreas de regadío, donde se consumen anualmente 24.000 millones de metros cúbicos de agua, un 80% del total del consumo de agua en España. Supuestamente, el Gobierno invierte casi 2.000 millones de Euros para ahorrar una décima parte del agua a través de la modernización de regadíos, pero hasta la fecha no nos ha podido indicar ningún río en el que tan solo un litro de esta cantidad total ‘ahorrada’ se vaya a destinar al medio ambiente.

 / ©: WWF/Adena J Sierra
WWF/Adena J Sierra
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Crece también el consumo de agua en las ciudades a 180 litros/persona/día, y aumenta el número de complejos turísticos y de campos de golf.

Estimamos que los 280 campos de golf actuales consumen tanta agua como 4 millones de ciudadanos en sus casas.

A estas cifras de consumo habría que añadir el agua extraída de manera ilegal de los 510.000 pozos ilegales que, según el Ministerio de Medio Ambiente, perforan los acuíferos y dejan a ríos y humedales sin agua. Así, en las Tablas de Daimiel, donde hay más pozos ilegales que legales, los acuíferos han bajado a hasta 40 metros de profundidad, dejando el Parque Nacional sin agua.

Ante estos problemas, políticos y usuarios piden con rapidez nuevos trasvases, aunque ya sabemos que éstos no resuelven los problemas de sobreexplotación: el agua será más cara y las obras conllevarán nuevos problemas.

No nos podemos olvidar de los vertidos legales e ilegales en nuestras aguas. Un 30% de nuestros ríos están contaminados, incluyendo ejemplos tan dramáticos como el río Segura o el Guadiamar tras la catástrofe de Aznalcóllar.
  •  / ©: WWF/Adena G Schmidt