Según WWF, el 80% de las AMPs del mundo se limita a la simple denominación pero no están gestionadas como correspondería a estos espacios.
Las áreas marinas protegidas (AMP) son muy recientes si se comparan con las existentes en el medio terrestre, y especialmente tardía es la conciencia sobre la necesidad de establecer figuras de protección en nuestros océanos. Algunos países establecieron sus primeras AMP hace ya varias décadas y en 1997 existían cerca de 4000 AMP en más de 80 países, siendo la más extensa de todas ellas la Gran Barrera de Coral australiana.
Con las AMP se pretende proteger, conservar y restaurar especies, hábitats y procesos ecológicos que como resultado de diversas actividades humanas se han visto afectados. Del mismo modo, y actuando con cautela, pretenden prevenir la degradación futura y el daño a especies, hábitats y procesos ecológicos aún no estudiados o desconocidos.
Una vez declarada un AMP, de poco o nada sirve tener un mapa de vivos colores delimitando su extensión si no existen planes de gestión que integren las premisas adecuadas para protegerla. Según hemos estimado en WWF el 80% de las AMPs del mundo no están bien gestionadas, limitando su protección meramente a su denominación.