Los esfuerzos realizados por WWF y Unión FENOSA en 1991 llevaron a la instalación de fundas en los 10 postes más peligrosos y a la colocación de salva-pájaros en los cables. Los resultados fueron esperanzadores, pero todo cambió cuando las fundas comenzaron a deteriorarse y se construyó un comedero para aves rapaces a menos de 1 kilómetro del tendido (con un mayor trasiego de aves). Entre 1992 y 1999 se recogieron 8 aves accidentadas por año, en un tramo de apenas 3 kilómetros.
En 2000 WWF firmó un convenio de colaboración con Unión FENOSA para la realización de un proyecto de seguimiento de los tendidos eléctricos de los alrededores del Refugio de Rapaces. Este estudio permitió constatar de nuevo el peligro para las aves rapaces de la línea de Campo de San Pedro, con el mayor número de accidentes de la zona: en ella se concentraba el 86% de las muertes registradas en las líneas del entorno del Refugio, afectando a más de 12 especies diferentes de aves rapaces, entre las que destacaban, el buitre leonado, el águila real, el alimoche o el búho real. De igual manera, este estudio permitía determinar las medidas correctoras más adecuadas, que permitieran solucionar el problema.
Por último, en octubre de 2004, Unión FENOSA acometía dichas medidas para reducir drásticamente la mortalidad de la fauna, que año tras año se venía produciendo en este “punto negro” para las aves rapaces. Las medidas correctoras aplicadas consistieron en el traslado de parte del tendido eléctrico, unido a la sustitución de las torretas por otras que ofrecen menos riesgos de electrocución y a la señalización de los cables mediante salvapájaros, como medida para prevenir las colisiones. Si bien, estas medidas correctoras deberían haber erradicado completamente la mortalidad de aves en este lugar, desde su remodelación hasta diciembre de 2007, nueve muertes han sido registradas por WWF en el tendido de Campo.
