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Atrapado por el Ártico


El Ártico atrapa desde el primer instante. Algo más de una hora tras despegar rumbo norte desde Tromsø, en Noruega, el piloto ha advertido que acabábamos de alcanzar nuestro destino. Por la ventilla del avión sólo se veían nubes, o eso parecía, y ya esperaba que la isla no fuera a regalarnos un vistazo desde el cielo, cuando entre la blancura he distinguido una cresta. Y otra más allá, y otra, y otra… Pequeñas trazas de roca emergiendo de una inmensidad helada: Svalbard. El 60% de la tierra de este remoto archipiélago del Ártico noruego, que tiene una superficie similar a dos Galicias, está cubierta de hielo.

Al entrar en la terminal del aeropuerto de Svalbard, una escultura da la bienvenida a los visitantes: un oso polar, la especie más icónica del Ártico, que es además la principal razón detrás del viaje de muchas de las personas que vienen a Svalbard. También es la principal razón del mío. Formo parte de una expedición científica de WWF-Canon y el Instituto Polar Noruego (NPI), que durante los próximos diez días recogerá información para entender cómo está afectando el cambio climático a los osos polares de este rincón salvaje del planeta.

En unas horas zarpamos desde Longyearbyen (la capital de Svalbard) en el Lance, el buque de investigación del NPI. Además de la tripulación, en el barco viajaremos 3 biólogos del NPI, 3 biólogos de WWF con gran experiencia en el Ártico, un videógrafo, un fotógrafo de naturaleza embajador de Canon, y yo, el novato. Afortunadamente antes de salir pasaremos por el almacén del Instituto para hacernos con algo de ropa apropiada para este frío. Aunque nuestro anfitrión, Jon Aars, nos comentaba que estos días hacía un calor terrible, viniendo de Madrid mi primera impresión es ligeramente distinta.

Pasamos la noche en Longyearbyen, que es básicamente un conjunto de pequeñas casas de madera de colores, y algún edificio grande (como el de la Universidad de Svalbard), amontonadas en el fondo de una pequeña ensenada que sale de un enorme fiordo. Es un sitio peculiar. Paseando por su calle principal puedes cruzarte con gente que lleva un rifle a la espalda –obligatorio para aventurarse fuera de la civilización, por los osos-, y también, si vas embobado mirando las impresionantes vistas, puedes ser atropellado por una moto de nieve.
Es casi la 1 de la madrugada y aunque afuera hay mucha luz, nos embarcamos en unas horas y toca descansar. Seguiremos informando desde el Lance, desde los dominios del oso polar.

Guillermo Prudencio, del equipo de comunicación de WWF España en la expedición al Ártico
Guillermo Prudencio, del equipo de comunicación de WWF España en la expedición al Ártico
Expedición a Svalbard
Expedición a Svalbard
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