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Pedimos al Gobierno una estrategia estatal urgente que asegure el futuro de la ganadería extensiva

La ganadería extensiva constituye un motor económico por su capacidad para generar empleo en la ‘España vaciada’, por aportar alimentos y otros productos de calidad y, además, por ser un seguro para proteger la naturaleza por los beneficios ambientales que proporciona a la sociedad. Contribuye a fijar carbono en el suelo, aportar estiércol de calidad a los cultivos, configurar paisajes únicos, como las dehesas, o prevenir incendios forestales. Además, del conocimiento ancestral que los pastores y pastoras atesoran, custodios de las razas locales adaptadas a nuestros suelos y clima. Sin embargo, está en riesgo de desaparición. Frente a ello, pedimos al MAPA, con la implicación y el apoyo del MITECO, una Estrategia Estatal para la Ganadería Extensiva.

Esta estrategia debe aspirar a mantener la viabilidad socioeconómica de los rebaños en el campo, preservando los bienes y servicios que generan. Serviría, además, para comprometerse con un modelo alimentario sostenible, clave para cumplir con los objetivos de las Estrategias de Biodiversidad 2030 y de la Granja a la Mesa, y contribuir a la lucha contra el despoblamiento rural.

Dada la situación crítica que atraviesa el sector (según el INE, en 2018 se perdieron 20.000 explotaciones agrícolas y ganaderas, gran parte de las cuales, eran de ganadería extensiva), dicha estrategia debe tener ambición y recursos suficientes, ser participada y coherente. También debe basarse en la necesaria caracterización de la ganadería extensiva, de forma que se pueda diferenciar inequívocamente de las producciones industriales y dirigir los fondos públicos y el apoyo de los mercados que merece.  Asimismo, debe contemplar reformas en la futura PAC –en la que se aprecian algunos avances positivos en los borradores en discusión-, para que cada hectárea pastada reciba el apoyo público necesario. La PAC actual subvenciona el laboreo de las tierras, y en especial a los cultivos intensivos, frente al mantenimiento de los pastos permanentes. 

Actualmente, los pastores solo perciben ayudas por un tercio de la superficie que pastorean sus rebaños. Mientras, barbechos, rastrojeras, terrenos forestales o, incluso, las vías pecuarias, quedan fuera de las ayudas directas de la PAC. Este hecho perjudica principalmente a los rebaños de ovino y caprino, precisamente, los que más interesa recuperar. Esta nueva PAC debe, para ello, rediseñar el pago básico y, más allá, recompensar con los nuevos pagos verdes (ecoesquemas) los beneficios ambientales generados por el sector. Tiene, además, que apoyar la trashumancia y la coexistencia entre ganadería y especies silvestres, así como maximizar la labor del pastoreo frente a la lucha contra incendios.

Esta estrategia debe ir mucho más allá de la PAC, apostando por una auténtica diferenciación del producto en el mercado, para que cada persona consumidora pueda distinguir los alimentos procedentes del pastoreo de los de las macrogranjas, con los que compiten en desigualdad de condiciones. El apoyo a la venta directa y canales cortos, en los que se ha avanzado levemente, debe ser otra de las bases sobre las que construir la estrategia, con el objetivo de que la mayor parte del valor añadido quede en los productores.

Otros asuntos a abordar serían el alivio de la carga burocrática que padecen los ganaderos y ganaderas extensivas, revisando aquellas normas pensadas para las producciones ganaderas industriales, y adaptándolas a las características específicas de la ganadería extensiva. Así como asegurar el relevo generacional del sector, resolviendo el problema del acceso a la tierra, apoyar una fiscalidad verde que prime las producciones extensivas frente a las industriales, o la inclusión de los productos de la ganadería extensiva, en los pliegos de compra de las administraciones públicas.

Además, reclamamos en aquellas zonas dónde la ganadería extensiva conviva con grandes carnívoros como el lobo y el oso, un sistema de indemnización de los daños homogéneo, ágil y justo y ayudas suficientes y bien diseñadas para hacer posible la coexistencia. 

Dicha estrategia ha sido solicitada en varias ocasiones al Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación, también por numerosas entidades y plataformas. Por ello,  MAPA y MITECO deben ponerse manos a la obra y contar con la disponibilidad para construirla con todos los interesados, porque la ganadería extensiva sí importa.

Es hora de abordar los auténticos problemas y los retos reales de la ganadería extensiva. Llevamos décadas trabajando por una ganadería extensiva con futuro, y lo seguimos haciendo por considerarlo un sector estratégico para la transición agroecológica hacia sistemas alimentarios sostenibles y para mantener vivos nuestros pueblos. Es un asunto de vital importancia y por eso esta estrategia debería ser una realidad en los próximos meses. 

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