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Redes fantasma. Palillos de bateas (Galicia)

© Alexis Rivera / WWF Canarias

Una parte importante de los vertidos de plástico que está acabando con la vida de miles de especies marinas son las “redes fantasma”. Son redes y artes de pesca abandonados, perdidos o descartados que suponen el 10% del total de residuos y vertidos al mar.  Se calcula que entre 500.000 y 1 millón de toneladas de redes y artes de pesca se abandonan en el océano cada año y se convierten en trampas mortales para mamíferos, tortugas y aves marinas que mueren enredadas o asfixiadas. El enredo de la fauna en estas mallas puede provocar hambre, dificultad para respirar y moverse, o incluso una muerte lenta y dolorosa.  Se estima que cerca del 6% de todas las redes de pesca, casi el 9% de las trampas y nasas, y el 29% de todos los sedales de pesca utilizados en el mundo se abandonan, se pierden o se desechan en el medio ambiente. En el Pacífico Norte, las redes, cabos y cuerdas procedentes de la pesca y el transporte marítimo representan el 46% de las 79 000 toneladas de plástico que flotan en esta área y forman el Gran Parche de Basura del Pacífico.
 
En Canarias no estamos aislados de este problema. Es más, estamos seriamente amenazados por el plástico porque en las islas confluyen una serie de corrientes marinas que nos traen residuos procedentes de tres continentes (América, Europa y África).

Si te encuentras en una playa o zona costera con estos tipos de residuos pesqueros: Etiquetas mariscos (EE. UU.), palos de bateas (Galicia), Nasas de pulpo (Huelva), boyas artesanales de palangres (Marruecos), al georreferenciarnos participando en "Los Ojos del Guirre" nos ayudarás a determinar qué zonas de las islas reciben más residuos pesqueros procedentes de uno u otro continente.

Con esta descripción podrás identificar los palillos de bateas (Galicia): Formando parte de la estructura de las Bateas (estructuras flotantes para el cultivo del mejillón) se encuentran las cuerdas de cultivo, sobre las que se hacen crecer los mejillones. En esas cuerdas se colocan atravesados, cada cierta distancia, unos “palillos” o “tarugos” para evitar que los mejillones se resbalen por su propio peso. Estos “palillos” eran de madera en la actualidad se han sustituido por unos hechos de plástico que terminan soltándose y siendo arrastrados por las corrientes desde Galicia a Canarias.

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