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España atrapada en la escasez de agua

España enfrenta el otoño atrapada en la escasez de agua

La falta de recursos es resultado de una mala gestión del agua durante años, agravada por la sequía actual.

Pedimos una estrategia de prevención frente a una sequía prolongada

Se cierra el año hidrológico –que abarca de octubre de 2022 a septiembre de 2023– con un balance negativo. Pese a las últimas lluvias torrenciales, la sequía ha venido para quedarse. Durante este año hidrológico se han producido unas precipitaciones un 11 % por debajo del valor normal y han aparecido varios episodios de temperaturas récord.

Estos efectos del cambio climático agravan las consecuencias del elevado nivel de consumo de agua, en particular, para el riego de cultivos industrializados, cronificando el estrés hídrico que padecemos en muchas zonas de la península Ibérica. Ante ello, pedimos una estrategia de prevención frente a la sequía. 

La sequía prolongada que atraviesan muchas zonas de España impide mantener el suficiente almacenamiento para abastecer con garantías el elevado consumo de agua.

Según los últimos datos del MITECO, la reserva hídrica se encuentra al 36,5 % de su capacidad. Pese a que nuestro país cuenta con unas de las redes de infraestructuras hidráulicas y capacidad de embalse más importantes del mundo (unos 56.000 hm3 de capacidad máxima), muchas zonas padecen de forma reiterada situaciones de escasez severa de recursos. 

En España el riego de cultivos industrializados se bebe casi el 80 % de los recursos hídricos, esto hace de nuestro país uno de los territorios europeos con mayor sobreexplotación de sus aguas, y de los más afectados por estrés hídrico. La escasez de agua es especialmente grave en las cuencas del sur peninsular y mediterráneas, donde el consumo por la agricultura industrial resulta insostenible. 


Embalse de Entrepeñas, en la provincia de Guadalajara con su nivel “normal”, al 30% de su capacidad, a raíz de la explotación del trasvase Tajo Segura y la reducción de las aportaciones en la cabecera del río Tajo como consecuencia del impacto del cambio climático (Fuente: Rafael Seiz/ WWF España)

 

La burbuja del agua 

Prometer más agua con nuevas infraestructuras solo alimenta la ‘burbuja del agua’ y no soluciona el estrés hídrico. La mala gestión y la sobreexplotación son la cara oculta de la escasez de agua. Pedimos una gestión de la demanda del agua adaptada al impacto del cambio climático que padecemos para prevenir de forma eficaz los impactos de la sequía. 

La mala gestión del agua se traduce en: 
  • Falta de control por parte de las administraciones públicas de las extracciones legales e ilegales de agua,
  • Así como en mecanismos que generan un efecto perverso y polémico como la compraventa de derechos de agua en plena sequía.
Por el contrario, las administraciones públicas tradicionalmente han afrontado las sequías a golpe de medidas urgentes con exenciones al pago del agua y ayudas directas a los sectores ganadero y agrícola. Estas medidas deben destinarse de forma prioritaria a los más vulnerables frente a la sequía como las fincas familiares de secano y ganadería extensiva. Y a medidas que favorezcan cambios estructurales en diversos sectores para que sean menos dependientes del agua.  

Cuatro medidas para una gestión preventiva del agua

  • Incentivar un cambio del modelo agrario y de desarrollo rural, por ejemplo, reorientando fondos públicos (especialmente de la PAC) hacia producciones de alto valor natural (secano y ganadería extensiva), asegurando una renta digna para esas fincas.
  • El cese inmediato de nuevas transformaciones de regadío.
  • Control exhaustivo del uso del agua y del suelo para cerrar todas aquellas extracciones ilegales que están robando el agua de nuestros ríos y acuíferos.
  • Plan urgente de reajuste del sector, con reconversión a secano u otras actividades alternativas que no precisan agua y medidas de mitigación. 
Durante décadas no nos hemos preocupado de nuestra seguridad hídrica, pero la crisis climática está poniendo al descubierto las debilidades de la mala gestión del agua. Si no hacemos nada distinto, nos enfrentamos a un futuro mucho más incierto y con mayores dificultades para garantizar los recursos con los que abastecer a la agricultura y la ganadería, poniendo en riesgo el suministro de agua potable y también para asegurar el mantenimiento de ecosistemas sanos y funcionales frente a la crisis climática y de biodiversidad que ya estamos padeciendo.

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